El “capitalismo salvaje” confiscó al GüegüenCe su originario náhuatl  

                                                                
                                                              Primera Parte

                                    
                                  Al Doctor Fernando Silva, in memoriam

                                                   

“La búsqueda de la verdad es una permanente rectificación”.                                                   Pablo Antonio Cuadra

 “TZ es una combinación de letras peculiar del náhuatl que se pronuncia silbado y fuerte, C como Tziclli, chicle. Tzopelic (dulce)”.                                                                                                                      Rafael Urtecho, Revista Conservadora, 1961

Nacionalicemos la C autóctona de El Güegüence                          

                                          

Portada de la obra del Dr. Fernando Silva.

 Edwin Sánchez

I

Los años 90 llegaron para tasar todo en dinero.

Que rigiera el mercado a su libre albedrío, las balanzas infieles y las ganancias destinadas más a los intermediarios que comerciaban sin escrúpulos en vez de los propios generadores de riquezas: finqueros, pescadores, avicultores, porcicultores, productores agropecuarios, trabajadores rurales…

Fue el tiempo en que no pocos le pusieron precio a “su lucha”, a “su entrega”, a su “sacrificio” que nadie les pidió ni exigió, en el derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza Debayle.

Y así, los que un día andaban con la onda marxista de “la lucha de clases” (sin entender ni la dialéctica); esos que habían embalsamado el país en los 80 con su devastadora ideología, escalaron de clase, que “para eso luchamos”.

Ya no les pareció, al estilo del Quico de Chespirito, juntarse con la “chusma” proletaria.

Vaya, ni siquiera vivir entre “las masas”, tal como en esa década que aún no terminamos comprender cómo es que nos pasó eso— los más extremistas cosificaban al sufrido pueblo de Nicaragua.

En el último decenio del siglo XX cualquier cosa se medía con antivalores. 

Se fortaleció y diversificó el analfabetismo. En todos los órdenes. 

Lo nicaragüense quedaba como algo descartable…

PINOLERO”, palabra aglutinadora, multitudinaria, horizontal, identitaria, le pasó casi lo mismo que al COMPAÑERO”, término de cercanía y participación colectiva que tantos se creyeron.

                LOS “POSTES PARA LOS VENDEPATRIAS

Muchos “camaradas” se avergonzaban.

Preferían la lejanía. 

El sálvese-quien-pueda...

Y la distinción, verbigracia el “comandante” de la "iluminadaDirección-Nacional-Ordene que vociferó, a las 10 y 20 minutos de la mañana, en la Granada de 1983, que “faltarían los postes para colgar a los burgueses vendepatrias, arrodillados al imperialismo yanqui”.

Cuando lo despertó la derrota del Frente Sandinista, con tal de seguir mandando, condecoró al Agregado Militar de los Marines de la Embajada de Estados Unidos.

Se le había “olvidado” que desde el poder azuzó el enfrentamiento con aquel país, porque ningún hijo de él iría al frente a "defender la Patria". 

Para eso estaban los hijos de los SOLOS...

Aquellos que nunca estuvieron tan solos en todas las épocas, desde que Nicaragua surgió como estado independiente en 1838: "Solo los obreros y campesinos irán hasta el fin".

Y entonces declaraba y cantaba “yanqui enemigo de la humanidad”, pudiendo evitar la guerra y dejar a los jovencitos conocer la vida, no la muerte en las montañas. 

Ah, y terminó convertido en un opulento empresario finisecular…

Otros desempolvaron sus títulos. 

Unos más se acordaron de los estudios. 

Y los responsables cotidianos de las calamidades de Nicaragua borraron, más temprano que tarde, el negro de su bandera para quedarse únicamente con el rojo “sin mancha” o, en modo “inmaculado”: los ¡adiós-muchachos! que se dieron un baño de prestigio postizo de ser las Madres Teresas de la “disidencia”, siendo realmente unos hijos de… Calcuta.

Ellos, los que abolieron el respeto la propiedad y al derecho ajeno.

Ellos, los infumables “yo-no-fui”.

Ellos, los “puros” que se le habían subido los humos a la cabeza, sin llegar siquiera a chilcagre.

Fumarlos, hasta hoy, sigue siendo terriblemente perjudicial para la salud pública de la paz en Nicaragua.

II

HOT DOG EN VEZ DE QUESILLO

Decir: “Voy al Oriental” no era tan chic como ir al Centro Comercial, sobre todo cuando lo sustituían, para sonar más “elegante”, por el “Mall” de Metrocentro. 

Y era muy “distinguido” comer hamburguesa, hot-dog o pizza antes que unas fritangas, quesillo o tamal pizque con queso. 

Y si de bebidas se trataba, era de “catego” tomar Coca-Cola en vez de la “jincha” cumba de pinol o “esa cosa de la gente de antes”: el ancestral tibio chiboludo.

Hasta las donas fueron importadas para mandar al carajo las rosquillas nicaragüenses, y el agua de las cañerías que toda la vida tomábamos directamente de la “paja”, se volvió “sospechosa”, nada confiable para la “gente fina” y de “buena familia”. 

Y llegó el “boom” del agua “purificada”, “natural”, “mineral”, “ultrafiltrada”…

La identidad nacional empezó a descarrilarse como el mismo Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua, vendido al desguace por la doña Presidenta, Violeta Chamorro.

                                               Tomada de El Sauce.

Lo nuestro ya no era tan nuestro.

Pasar de un extremo a otro, no es saludable para ninguna sociedad.

CAPITALISMO PRIMITIVO

Se habla del “capitalismo salvaje”, pero en tono impreciso, vacuo, no terrenal. 

Pues bien, en la práctica el “capitalismo primitivo”, que así lo llamó el papa Juan Pablo II, no Marx ni Engels, instauró “el dominio de las cosas por encima de los hombres”.

No es que se esté en contra del capitalismo, del dinero, de la propiedad privada, del libre intercambio, de la oferta y la demanda, de la libre empresa…

Basta leer la Biblia, y no a Lenin, para darse cuenta de que siempre los hombres contaron muy temprano con la práctica del trueque y luego el uso del dinero; además de tierras, ganados, negocios, comercio; amos y esclavos, empleados y empleadores, y demás.

Aquí lo que no armoniza es el capitalismo deshumanizado, donde solo el lucro por el lucro es lo que más importa, no la persona, los valores, la identidad nacional, ni los patrimonios historicos, reducidos a piezas desechables en el engranaje de la codicia.

El Papa dijo que “las reglas” del capitalismo primitivo están vigentes con sus “carencias humanas”, donde la peor parte le toca a los pobres, que “a la falta de bienes materiales se ha añadido la del saber y de conocimientos, que les impide salir del estado de humillante dependencia (CARTA ENCÍCLICA CENTESIMUS ANNUS, 1 de mayo de 1991).

Es el capitalismo en su faceta más catastrófica que se opone al extraordinario pensamiento del presidente de Estados Unidos, Abraham Lincoln, expresado en su toma de posesión el 4 de marzo de 1861.

                           Abraham Lincoln. Nacional Mall, Washington DC. Foto de Veralia Gabriela Sánchez.

Palabras de mármol que pesan las 170 toneladas de bloques de Georgia que componen su monumento en Washington D.C., y que parecen bajadas del Sermón del Monte, tan así que continúan vigentes 164 años después. 

, y por encima de los herrumbrados igualitarismos inútiles que duraron con sus desastrosas órbitas “europroletarias— 69 años:

QUE EN TODAS PARTES CADA HOMBRE CUENTE CON LA MISMA OPORTUNIDAD”.

Y fue este tipo de capitalismo maligno que deformó una joya teatral, literaria y musical única en América, que funde la cultura náhuatl con reminiscencias chorotegas, más la colonización española: EL GÜEGÜENCE.

III

No es lo mismo escribir El GüegüenCe, tal como es, que El GüegüenSe salvajemente mercantilizado y distorsionado en los 90...

La “C” de Güegüence no está ahí por capricho de nadie: es auténtica, nacional, nativa...

SENSITIVA, como diría el liróforo celeste, Rubén Darío. 

El Salvajismo de mercado se escribe con S de GüegüenSe, en el que no vale el conocimiento ni el acervo cultural, sino la repetición por absurda que sea; la publicidad marrullera, lo comercial, la complacencia con el poder y la banalización de la vida.

Carl Herman Berendt, Daniel Garrison Briton, José Martí, Emilio Álvarez Lejarza, Pablo Antonio Cuadra, Fernando Silva, Carlos Mántica, es decir, grandes hombres, siempre alabaron, estudiaron —algunos hasta lo tradujeron— y escribieron El GüegüenCe con la letra C porque no es gentilicio ni debe confundirse con “nicaragüense.

Cuadra y Silva hasta produjeron sus propios frutos literarios, influidos por la obra primigenia, conservando su verdadera grafía. 

Porque eran genuinos. 

Eran baluartes del alma pinolera

No impostores.

PAC es autor de la noveleta ¡Vuelva, Güegüence, vuelva!, fechada 1956-1969 (Pablo Antonio Cuadra, Crítica Literaria I, Colección Cultural Centroamérica, 2004).

Mientras, el académico Fernando Silva publicó El Güegüence o Macho Ratón, Teatro Popular Callejero. Y lo llamó una versión “tomada del escrito original de Juan Eligio de la Rocha” (La historia natural de El Güegüence, pp 24-27, Academia Nicaragüense de la Lengua, 2002).

 

Continuará…

 edmondel77@gmail.com



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