El obispo de Turquía,
un infaltable de la NavidadIlustración tomada de ACI Prensa
Edwin Sánchez
Atacado por muchos, bendecido por unos cuantos
conocedores, utilizado por el mercado hasta más no poder y amado por todos los
niños del orbe, San Nicolás, Saint Nickleaus, Santa Claus pues, es el
personaje infaltable desde el decorado hogareño hasta los parques, las
avenidas, pasando, como ya se dijo, por el comercio.
Quién diría que un obispo católico del siglo III, de
la lejana y musulmana Turquía, nacido en Demre, antes Myra, iba a constituirse
en el protagonista iconográfico mundial de la Navidad.
Si lo presentan como un nativo del Polo Norte, el
legítimo nació en la región costera del país eurasiático, con un clima de 25 y
30 grados centígrados, es decir, una temperatura mediterránea, que en la época
invernal baja hasta los 10-15 grados. Demás está decir que su inconfundible y lanoso traje rojo lo sofocaría…
Y es que nunca una sola personalidad dio para tantas
actividades, desde las que se derivan del sentimiento puro, emotivo, realmente
navideño, hasta el lucro, sin contar con la facilidad de su imagen para la
ornamentación urbana. Figura que, debe decirse, dista mucho del auténtico santo,
pero que caló en el imaginario global gracias nada menos que a un hermano de la
Iglesia Evangélica.
Sí, por un protestante que “no idolatra” las imágenes
católicas, hoy Santa Claus es, después del Niño Dios, el emblemático símbolo de
estos días cuando “todo se olvida/ y nada sucedió”, como cantaba el filósofo de la
temporada, don Luis Aguilé.
La historia de San Nicolás, que dio nombre incluso a un
excelente cantante de Italia, Michele Scommegna, mejor conocido como Nicola Di
Bari, es lo opuesto a la acumulación de caudales. No es que se esté en contra
del comercio y de los bienes materiales, sino contra el abuso que proviene de
la codicia y no del espíritu navideño.
El original heredó una enorme fortuna de sus padres. Y
se dedicó a compartirla con los más desvalidos. No era un ser apegado a los lujos,
a la vanidad, ni dado a pasar por encima de los demás con tal de satisfacer su egolatría,
sino que contaba con una virtud no muy popular: la empatía.
Estar pendiente por las necesidades de los otros era su propio himno: dar. Entregarse.
Si él lograra asomarse a este tiempo, y ver lo que han
hecho con su nombre, aspecto y porte mercantilista, de seguro protestaría, pero su justificada
reacción no incluiría a los niños, sobre todos los más desfavorecidos, y seguro
les entregaría presentes. Que así lo hizo en el más perfecto secreto,
develado tiempo después, y no por él, sino por los beneficiados.
Un famoso cuadro de la Pinacoteca Vaticana, La dote de las tres vírgenes, lo muestra regalando, y a escondidas, tres monedas de oro para que el papá de tres niñas evitara que fueran obligadas a prostituirse.
Y así, mientras el verdadero Santa Claus se desprendía
de sus riquezas para amparar a los desposeídos, otros, paradójicamente, lo
ocupan aviesamente para acumular dinero. Vaya contradicción. Tanta que
significa un irrespeto a su memoria y una deslealtad completa a la más singular de
sus advocaciones: es el Santo Patrono de los Ladrones Arrepentidos.
Blanca Arias de Anda (Catholic.net) nos dice que “el
verdadero San Nicolás de Bari nació en el año 310 después de Cristo, en un
tiempo de persecución, donde la enseñanza de la doctrina de Jesús suponía estar
en Contra del Imperio Romano.
“En esos tiempos era emperador Diocleciano quien
ordena a César Galerio acabar con los cristianos con toda la fuerza. Es en esta
época que San Nicolás es nombrado Obispo de Myra (hoy) Turquía (de ahí el color
rojo de su vestimenta).
30 años preso
Narra que “A pesar de vivir la feroz persecución
Nicolás no perdía su sentido del humor y su alegría especialmente al platicar
con los niños acerca del Nacimiento de Jesús en quién ponía toda su Esperanza
(de ahí el amor a los niños y el típico Jo, Jo, Jo)”.
“En una de las persecuciones fue aprehendido y
encarcelado por casi 30 años, aún desde la cárcel se sacrifica y ora por su
Iglesia, a pesar de que los soldados romanos se burlaban de él, diciéndole que
ya se había acabado la fe en Cristo.
“Al convertirse al cristianismo el emperador de Roma,
Constantino, hijo de Santa Elena, el Obispo Nicolás fue liberado, ya anciano
con el pelo largo y la barba blanca, y convencido que era el único creyente que
quedaba, regresa a su ciudad dispuesto a empezar otra vez la Iglesia de Cristo.
“Su sorpresa fue grande cuando llegando al lugar
observa la Catedral que había sido reconstruida y en ella los cristianos
entonaban el cántico Adestae Fidelis, ya que estaban celebrando la fiesta de
Navidad (por eso la relación de Navidad con la llegada de San Nicolás)”.
En relación con el “redimido” de la Iglesia
Protestante o evangélica, fue un inmigrante alemán que llegó a Nueva York,
llamado Thomas Nast. Es el responsable de la fisonomía, el cuerpo pasado de
peso y la vestimenta con la que hoy estamos familiarizados.
Él “lo ilustra para el semanario ´Harper´ en 1864,
mostrándolo con el traje rojo las botas, un gran saco de juguetes y entrando en
una chimenea”.
“Por ser uno de los primeros santos de nuestra Iglesia
su nombre se ha modificado con los siglos del vocablo Sajón Saint
Nickleaus, a Santa Claus”, refiere Blanca Arias.
Don Melico
Nicaragua y su Historia/ FB.
En Managua hubo un Santa Claus llamado Melico Maldonado. Antes del terremoto de 1972 era también el infaltable en las tiendas de la Avenida Roosevelt. Establecimientos como la de Carlos Cardenal, Tienda Alicia, Almacén El Nene, y otras contaban con los Santas fijos, y algunos electrónicos, animados, muy modernos para esos días.
Pero los niños preferían al Santa de carne y hueso,
quien vivía en Masaya. A pesar de esos muñecos, don Melico tenía su propio
espacio y era muy visitado hasta por los adultos.
Hoy, los Santas están por todas partes. Menos en las
parroquias.
Parque Central de Xilotepetl, Carazo, Nicaragua
Nadie restringe su presencia, ni se les
impide a los creyentes asistir a las Misas del Niño en las madrugadas tranquilas y seguras de Jinotepe, tampoco se hostiga a las familias adornar sus
casas con los Pesebres y mucho menos prohibir la Natividad de Nuestro Señor
Jesús, Único intermediario o Sumo Pontífice —Máximo
Puente— entre Dios y la Humanidad.
Misa del Niño Dios/ Parroquia Santiago Apóstol, Jinotepe, FB.
Si leyéramos sobre el paso de San Nicolás por este mundo, nos estaría recordando que lo mejor del ser humano es la ternura, no el odio ni el rencor.
La conciliación, la amistad, la armonía no solo las predicó en nombre de Cristo, sino que su biografía es una de las mejores banderas del Amor al Prójimo.
Por Veneración, el Diccionario de la Real Academia
Española pone en el mismo plano desde Dios hasta las reliquias: “Dar culto a
Dios, a los santos o a las cosas sagradas”.
Y, sí, es posible derribar las perniciosas idolatrías que representan los ídolos del egoísmo y los
afanes desmedidos por alcanzar dinero y poder. Pero demolerlos a punta de
empatía y bondad en modo San Nicolás, el histórico por supuesto. El que fielmente
reflejaba a Cristo.
No es de balde que en Nicaragua ha repercutido poéticamente
el magisterio de este turco noble e imprescindible: ser manso y amoroso como una palomita
de San Nicolás.
¿Acaso no es linda esta imagen nicaragüense, única en toda la Creación, que además de visualizar a una pareja de enamorados, también llama y proclama el amor perdurable y la lealtad todo terreno, en vez de las venenosas
intrigas y la vituperable traición que manchan la faz de la Tierra?
Es muy cierto: imitar a San Nicolás es difícil.
Demasiado complicado en este siglo. Y no es para
cualquiera.
Lo más fácil es venerarlo.
¡Jo, jo, jo, jo..!






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