Pesebres de Luz en Xilotepetl                             

                                                                Parque Central de Jinotepe, Nicaragua.
 
Ya viene.
Y no sabemos lo que nos ha sido dado,
ni qué más contiene…
Mas columbramos lo que a nadie le fue contado.
 
Allá,
donde ni el charral consiente nada diferente
a su mala simiente y los zacatales yermos
la existencia ignoran, llegan sin ningún aliciente
los que pastorean manadas de dudas: “Veremos”.
Los más, habitados por sus esperanzas en ciernes,
marchan blindados de “Haremos”.
 
A vos te lo dice el clima
fresco que asoma el saludable otoño
y adelanta, aromada, la invernal vendimia
de la paz florecida de los madroños.
 
En la estación del siempre
alborean los recuerdos prístinos de los dueños
de la última mies del Paraíso: Diciembre.
Mes de miel de los cipotitos. Los nuevos sureños
de la Meseta. Jinotepinitos que en el Parque Central
ven su encendido territorio navideño
que ya no se borrará de su memoria natal.
Su Patria primera que la llevarán
izada en el alma Azul de Justicia y Lealtad,
(algo que sin un aliñito de bondad no podrán…)
con el vasto Blanco de Pureza e Integridad1.
(…los Años Viejos que atrás se quedarán).
 
Lo miras en el ambiente,
en el calendario y el santoral;
en entusiasmos de paquete, a pesar de los jinetes
implacables del insoportable ruido brutal
que arremete contra el sosiego de Jinotepe.
 
Lo ves en el presto almanaque,
y es a prueba de los que para hacer billetes
sin abrojos —la claque de toda clase de badulaques—
entran al ataque como “síquicos”, “videntes” 
“mentalistas” y lamentables “Mandraques”.
 
Lo vemos
cuando 2025 vuela y se desplaza
con las rosadas tijeretas de los vientos
que anidan en Estados Unidos y pasan desplegadas
como banderas vivas sobre las regias torres del tiempo…
                
Y se palpa en la ciudad sin plaza,
en la Altiplanicie del rotundo templo,
escala en la oración y bendición de los planes
madurados en silencio
con el Especialista en aplacar huracanes y Leviatanes
que se levanten en cualquier momento.
Aquel de la multiplicación de los peces y los panes.
El Rabí de los insuperables portentos.

Está en los propósitos que unos marquen
y agotarán hasta sacarle muy bien
toda su ambrosía con el debido orden                         
de un magnífico amén.
 
Otros estrenarán la promesa que puedan.
El indescifrable vacío entrante
del “Año Nuevo-Vida nueva”.
Y ya en Semana Santa, como pasó antes,
los inacabados solo se acordarán,
con la tristeza envainada del inconstante,
que no repicaron en los cielos el dan-darán-
dicen-las-campanas… de las soluciones.
Que los años no regresan. Solo se van.
Y el Señor Yahvé tampoco acepta devoluciones.

El Ciclo Solar está por empezar.
Para los tanteos y medianos comienzos…
Los necesarios a ejecutar, y aun pasar
a otro nivel, si es una biografía in crescendo.
 
En el vecindario de la Vía Láctea, devuelta
va la pequeña provincia terrestre,
con su anónimo alboroto azul que alberga
sus injusticias, sus guerras y sus agrestes
espíritus en la inmensidad del misterioso firmamento
de tranquilidad que trazó el Autor del mapa celeste.
 
Si acaso es el año personal del Año Luz, que no viaja
a la velocidad de la oscuridad sino del Paternóster,
seguro irá con la sideral ventaja
de las inefables dimensiones eucarísticas del éter,  
donde las plegarias de los justos nadie ataja.
Sí. Más allá del allá, donde ya Lucifer.
nada puede hacer. El Tercer Cielo de Pablo, Juan
y Pedro. Las monumentales Epístolas del Saber,
por encima de Sócrates, Platón, Feuerbach y Marx.
 
Bienaventurados, pues, los que escribirán
en sus páginas blancas
lo que vivirán,     
mientras otros solamente lo descorcharán,
y algunos más, dados a la charanga,
lo derrocharán…
 
O avanza don Quijote lanza
en ristre o se atasca en la decisión indebida.
                
Ilutración de Doré. Don Quijote de La Mancha y Sancho Panza.
Pero nadie que se precie, ni Sancho Panza,
calienta bancas en el juego de la vida.
 
He ahí el año alumbrado: 2026.
                       
“Lleno de cívico decoro        
y limpio de odio y de oro”,
que así también lo presagiaría
el maestro del verbo sonoro  
con su divina lira de armonía.
 
Por eso el candor de su antesala…
 
Diciembre que trae algo de antaño.
El único mes elevado a época
que quita los puños que le quedaban al año 
y los nudillos al ceño que desgracias invoca.
¡Benditos sean los que no causan daño!
 
Ahora sí ya estamos siglo adentro,
con la generación que le tocará engrandecerlo
o arruinarlo en la Historia. Y allí estará, en el centro
de la página de cristal, su reflejo para aborrecerlo
o admirarlo. Mejor sería cultivar los encuentros
en el orto2 de Cristo, antes que perderlos
en filias y fobias, rencores y desencuentros.
 
Camino vamos por concluir el primer cuarto
de centuria que despedirá el Solsticio
del septentrión, para recibir a lo alto
el Año del Señor, a 2026 de su natalicio…
 
El Año del dorado esplendor, más virginal
que un ideal que a nadie lastima,
que ya ilumina nuestra noche boreal,
que mima las horas vespertinas,
que manda más temprano a dormirlas,
que luce flores de luces en vez de la tarde breve
del leve invierno que nos conceden
las lejanas nieves
del norte…
 
Un portal de aquellos días intensos de gentes,
sacos de yute y villancicos que aún se añoran.
Días que no venían en bolsas plásticas. Cortes,
medios, canastos y pláticas. La banda sonora
del silbato de Santa Rosa en Chaliapa, la amena
sirena de la serena temporada silbando las horas
de vapor al mediodía y en la anhelada Nochebuena.
 
Ya el siglo XXI cumple la edad suficiente
para entender si vamos bien,
orientados por la Estrella de Belén
o si vamos dando tumbos al vaivén
de un mundo que viene y reviene
sin rumbo, mientras la caravana de Rubén
pasa y nos deja donde no conviene.
 
Y es que la milpa de tanta albura
destella concordia, que ya irradia
su haz en las inmaculadas alturas
del arrurú al Niño Dios en Nicaragua…
 
Días cuando las almas de Jesús,
libres por la Verdad y la Vida,
se vuelven Pesebres de Luz.
 
“Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado,
y la soberanía reposará sobre sus hombros;
y se llamará su nombre Admirable,
Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno,
Príncipe de Paz3”: Jesús de Nazareth.
 
¡Mi Señor y Salvador!
 
Y sobre la venturada faz
decembrina por la Eretz Israel4
del Redentor, “Brilla hermosa la Paz”
de Nicaragua en flor de Xilotepetl,
entre los hombres de buena voluntad. 

                                                   Edwin Sánchez
                                                 Meseta de Carazo, diciembre 7, 2025
                                                 



1. Decreto 1908, Ley de Símbolos Patrios.
2. Salida o aparición del Sol o de otro astro por el horizonte.
3. Isaías 9:6. 
4. Tierra de Israel.


                     


                       





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