Roberto
Clemente, Campeón de la Humanidad
Si hubiera ejercido la
Presidencia de facto en Nicaragua con la misma responsabilidad y honestidad de
su hermano, el ingeniero Luis Somoza (1956-1963) o el doctor René Schick (1963-1966)…
Quizás Roberto Clemente viviría aún entre nosotros.
Su tumba no sería el Mar Caribe.
Y
el 31 de Enero de cada año tampoco tendría esa sombra de tristeza que marca a los nicaragüenses
que lo admiramos, y más para aquellos por quien dio su vida: los damnificados
de Managua.
Hoy,
su sacrificio y su gloria póstuma compiten con sus estadísticas de altos
kilates.
Fue
un hombre de la estatura de un Evangelio…
Edwin Sánchez
I
El
31 de diciembre de 1972, la Humanidad perdió a su Héroe, pero ganó al mejor Paradigma
de lo que Jesucristo nos habla cuando exhorta a los hijos de los hombres:
Amar
a tu PRÓJIMO como A VOS MISMO.
Ya
llevamos 53 años sin Roberto Clemente o más de medio siglo de un gigante de la
humildad que redefinió para siempre lo que entonces entendíamos por Altruismo.
Él
sí sabía quién era y a qué había venido a este mundo.
Desechó
el nombre de Bob o de Bobby, como le querían bautizar tanto
sus compañeros de equipo como de la prensa en Estados Unidos.
Mantuvo
su identidad.
Era
Roberto en español.
Clemente
de sentimientos.
Puertorriqueño
de nacimiento.
Latinoamericano
por excelencia.
El
enorme 21 del múltiplo perfecto.
Aunque
brilló en el béisbol, no fue como muchos cuando alcanzan el reconocimiento, el
dinero y la celebridad.
Fue
un Campeón de la Humanidad. Un fuera de serie.
Por
algo le llamaban El Grande.
A
la mediocridad nunca le dio lugar en la caja de bateo, y no cedió un solo turno
al bate a la intriga ni para que otros lo manipularan, hablaran y pensaran por él.
Los
inteligentes no requieren de titiriteros.
Por si fuera poco, jamás permitió al oportunismo acercarse siquiera al círculo de espera.
Estrella,
iluminó con su luz a niños y jóvenes.
Inspiró
a los humildes.
A
la América Latina.
Al
Caribe.
“Mi
gran satisfacción proviene de ayudar a borrar opiniones gastadas acerca de los
latinoamericanos y los afroamericanos”, decía.
Sus
mejores extrabases estaban fuera del parque de pelotas, porque su redonda vida
no venía en una caja cuadrada por el endiosamiento, la soberbia, la vanagloria
y la falta de misericordia.
Nunca
le deseó el mal a nadie, mucho menos que utilizara su popularidad y su poder
para intentar desbaratar a su propia nación con politiquerías, rencores alquilados de inflexible
ruindad, odios viscerales de vieja data y patrañas vendidas como jugadas
limpias.
Él
perteneció a la Marina de Infantería de los Estados Unidos.
Su
entrenamiento básico fue en Parris Island, Carolina del Sur y duró seis
meses.
Formó
parte del tercer batallón de reclutas, específicamente del pelotón 346.
“Tras
terminar su entrenamiento básico paso a la base Camp Lejeune en Carolina del
Norte. Ahí fue para ser miembro de la infantería. Clemente (fue)
asignado como miembro activo de la Marina hasta 1959, luego asignado como
reservista de la misma hasta el 1964”.
II
Todo
su ser contaba con un Alma que estaba hecha para ofrendarse en las Grandes
Ligas del Amor al Desamparado.
Porque
muchos pueden entrar a la Gran Carpa, pero son pocos los que logran el estatus
de un Roberto Clemente.
Y
es que a nadie más tallaban las palabras de Bowie Kuhn, Comisionado
de la MLB, cuando lo esculpió en el Salón de la Fama, en 1973.
Correspondían a sus medidas exactas:
“Le dio al
término ‘completo’ un nuevo significado. Hizo que la palabra ‘superestrella’
fuera inadecuada. Tenía un toque de realeza” (Unanimodeportes).
Era, pues, un Hombre Completo.
Imagen Clemente Museum.Y
este astro del deporte mundial se inmoló por los nicaragüenses ocho días
después del terremoto que devastó Managua, el 23 de diciembre de 1972.
Pudo
imponer otros records, ganar más plata, extender su prestigio por toda la
Tierra, pero sintió el llamado de un pueblo al que estimaba, parte del cual lo
vio durante la XX Serie Mundial de Béisbol, Nicaragua Amiga ´72.
No
sería ninguna especulación decir que este humanista full time, y con
dormida adentro de la ternura, no pasó tranquilo la Nochebuena allá en San
Juan.
Aquel pueblo que vio en el Estadio, en las calles, y por donde anduvo con la Selección Nacional de Puerto Rico, era víctima de una tragedia.
O doble, con la
del somocismo.
Aquellos
saludos desde las graderías, aquellos brazos que se agitaban al verlo en las
calles de la vieja Managua, aquellos labios que pronunciaban su nombre, ahora se
volvían en un ¡Auxilio!, en un ¡Ven pronto!, en un ¡No-nos-falles!
Y
se apresuró a armar un urgente cargamento de valiosa hermandad puertorriqueña.
Su
capacidad de empatía horizontal colindaba con la magnitud de su bateo, su asombroso fildeo
y su brazo de alta precisión.
Y
su enfoque poseía una profundidad de campo que desde su rectitud le permitía
ver si un umpire o un poderoso respetaba la zona de strikes o mal cantaba una bola
mala como buena o convertía un foul fly en jonrón.
Por
lo mismo, este honroso ex Marine de la Unión Americana no confió en el general
de West Point que ultrajaba y saqueaba Nicaragua.
El
puertorriqueño sentía en su corazón el dolor de los nicaragüenses, pero para
“el latino de Manhattan”, como se autodefinía con orgullo Anastasio Somoza
Debayle, era otra oportunidad para enriquecer más a su familia.
Sí,
no creyó que el dictador entregara las provisiones, medicinas y otros auxilios que
ya había fletado para enviarlos a las sufridas familias de Managua.
Los
informes que recibía eran preocupantes.
Quería
cerciorarse de que los suministros, y algo más, llegaran a los necesitados.
“En
el 1972 tras un devastador terremoto en Nicaragua –recuerda DDL– Clemente
comenzó a enviar paquetes llenos de provisiones y medicamentos para las
víctimas. Tras enterarse de que sus paquetes habían sido tomados por el
gobierno Somoza, Clemente decidió ir a entregarlos él mismo. Acompañado de
otros amigos que compartieron su visión cristiana y humanitaria, Clemente
partió desde Puerto Rico hacia Nicaragua el 31 de diciembre del 1972”.
Recuerda
Miguel Boada Nájera, de Séptima entrada, que en esa fecha,
“Clemente y cuatro personas más, abordaron un avión de carga cuatrimotor a
hélices DC-7 en San Juan, Puerto Rico, que viajaría a Nicaragua... A las 21:22
horas, la aeronave desapareció del radar.
“En
ese avión iban el piloto (Jerry Geisel), el copiloto (Arthur Rivera, dueño del
avión), la estrella ligamayorista, un amigo y un mecánico, quienes llevaban
contenedores con alimentos, ropa y medicinas, que eran para los damnificados
del terremoto que destruyó Managua el 23 de diciembre”.
El Diario de NY.
George
Arfeld, en un despacho de la AP del 12 de enero de 1973, confirmaba desde la
Isla del Encanto otra triste noticia con un titular que sobrepasaba la impersonal
nota periodística y resumía su grandeza del tamaño del Caribe y del Atlántico:
“El
mar será la tumba de Clemente”.
III
Roberto
trascendió el béisbol. Y así como exhibía un magnifico swing, una aguda vista y
un formidable tacto, buscaba dónde colocar la pelota, perforar los jardines y
no dejar atrapar por nadie sus sueños, ni en el engramado ni en la época que le
tocó vivir.
Era
un ser con valores superiores.
Se
contarán de él muchas historias, y es que a los 38 años parecía haber vivido
tantas vidas a la vez, bajo un solo nombre, el del hombre que también salvó del silencio y del olvido el más puro
coraje latino-caribeño para afirmar en el
mapa de la calidad, su origen: el espléndido paisaje humano del
subcontinente despreciado por los supremacistas de las Américas y Europa.
El 8
de agosto de 1973 fue admitido en Cooperstown.
Tomado de Roberto Clemente Foundation
En
Puerto Rico fue nombrado atleta del siglo, y, desde el 2002, las Grandes
Ligas instituyeron cada 18 de septiembre como el “Día de Roberto
Clemente”.
En diciembre de 2022 fue incorporado a la Historia Nacional de Nicaragua en la gloriosa condición de Héroe de la Patria.
Bien
se ve que el boricua, como diría el finado Comisionado, fue un ser humano
completo.
Rozaba
la perfección como dijeron cronistas en su día, refiriéndose a su desempeño en
el terreno de juego, pero también concordaba con las exigencias de un verdadero
Big Leaguer de la Solidaridad.
No
era un hombre de poses.
Fue
un ex Marine (USMC) que quiso lo mejor
para Nicaragua.
A
la hora de valorar la pureza del
diamante de su vida, basta decir que su gloria la sacaba fuera del Estadio para
beneficio de otros, sin cobrar
ni sacar un solo centavo.
Era
la antípoda de la miseria humana…
Del
tacaño que llegó a la cima del mejor Béisbol de la Vía Láctea y se olvidó de dónde
salió.
Del
egoísta.
Del
que se cree que el Universo gira a su alrededor.
Si
se buscara una espléndida portada para su monumental biografía, sin duda que
sería el espléndido Estadio Nacional de Managua.
Y
si un nombre merece llevar con dignidad este parque de pelotas que está a la
altura de América Latina, será el del dueño de esta filosofía de oro de buena
ley:
“¿Por
qué todos hablan de lo que pasó ayer? Todo lo que importa es el juego de
mañana”.
Palabras
que instaló en la realidad con su existencia plena.
Porque
no se quedó como algunos, viviendo de laureles marchitos por el tiempo.
O
aquel que por haber tenido participación en determinada acción, o correr
peligro “por el pueblo”, sin que ese pueblo le hubiera obligado, ya archivó el
presente y engavetó el futuro... Pues para individuos de esa execrable condición humana lo que vale, lo que importa, lo que merece la
devoción permanente, con los privilegios adyacentes, es su “historia”, su
“lucha”, su “gran trayectoria”.
Los pensamientos del ganador de una docena de Guantes de Oro no dejan a ningún espectador seguro y tranquilo en su asiento, aunque sea en la comodidad visual detrás del Home Plate.
O
en la zona de confort V.I.P.
Porque
entonces, al terminar el partido, sabrá si forma parte del line up de
los hombres y mujeres de buena voluntad o del equipo de los que solo vinieron a
empeorar el mundo con mezquindades, ya no digamos con sus filias y sus fobias
perniciosas:
“Cuando
tienes la oportunidad de mejorar cualquier situación, y no lo haces, estás
malgastando tu tiempo en la Tierra”.
R.C.
Patria Grande…
Ante los pueblos y lenguas del orbe,
enaltecer
con el mejor Estadio de Béisbol
de Latinoamérica, la memoria de un Héroe
de Puerto Rico,
que en vez de celebrar la despedida
del Año Viejo de 1972
con los suyos, prefirió socorrer
hasta morir por los nicaragüenses
que sufrieron el terremoto de Managua:
Roberto Clemente,
Campeón de la Humanidad.
Nació en el año
en
que Anastasio Somoza García
asesinó
al General Augusto César Sandino.
Y
también entregó su vida
por Nicaragua
oprimida
bajo Anastasio Somoza Debayle.
El Titán Niquinohomeño
a los 39;
nuestro Compatriota Puertorriqueño,
a los
38.




Bárbaro, Felicidades.
ResponderBorrarApreciado Francisco, gracias.
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