Gallos
¿Hay algo de que se pueda decir: Mira, esto es nuevo? Ya existía en los siglos que nos precedieron.
Salomón, Eclesiastés 1:9-10.
Edwin Sánchez
¿Has notado el canto del gallo?
Pero no solo es uno.
Son tantos
que se pierden en la distancia
que puede ser antigua o contigua.
Desentrañan los ciclos
y avistan sus giros que no siempre
iluminan con el clarísimo signo
ígneo del ínclito Septiembre.
Madre dice:
"Hay cambio de tiempo".
Yo lo creo
así. Aun sin verlo.
El gallo que habita
en la parte nada escrita de mis
deshilvanados recuerdos...
Los escucho remotos y sinceros,
y no distingo si un digno ideal
pulsa sus notas o del Cielo
brisa algo casi igual.
O casi no.
¿Quién sabe?
Que aquí creerlo
vale más que saberlo.
O es el coro de oro
de un gallo fino
y sonoro
con las verdades del decoro y máximas
en vuelo de un pueblo con rostro de Himno.
Pueblo que no quiso ser masa anónima
de banderas pasajeras sobre eras de espinos.
—¿Eso dicen?
No. Es lo que cantan.
—Pero…
¿Y si quizás son de otros
caseríos lejanos de mi época?
"Antigua o contigua", a nosotros
igualmente nos toca...
Pues eso y más pasa por aquí,
por estas tierras de Dios.
Que no renunciamos.
Es que nos cuesta calzarnos
mañanas hechizos que nadie quiso,
pues así terminamos chimados
y agobiados con más de lo mismo.
Mejor caites propios del ayer que andamos
sin irnos ni herirnos por esos caminos.
Que así vamos
por direcciones arreadas por el pasado
sin un presente de absolución.
Y somos, ¿qué no ves vos?,
puros domicilios del viento.
De tan olvidados...
Indocumentados sin un hoy a donde ir,
ni siquiera a nuestro porvenir soñado
que nos salió por la culata de fingir vivir.
¿No te lo dije cuando andabas de loco
con el chopo por choco?
—Eso fue hace siglos.
¿De qué apuros nos han sacado las duras
sin maduras de odios, injerencias, violencia,
sudar calenturas ajenas y peor, las sepulturas
incontables de evitables guerras sin clemencia?
Que los monumentos
no devuelven a los dolientes
ninguno de sus muertos.
Ni los discursos ardientes.
Y anque caiga mal...,
insistimos en que existimos.
Vivir no solo es respirar.
—¿Todos?
Tierras... de rezo y polvo. Tierras
sin edad, cargadas de la pura soledad
de los días idos que de repente vuelven
en el ¡plas- plas! de las alas del alba…
Porque este rey del amanecer es más
que la gallardía emplumada: es el día
coronado por una solemne cresta.
¿Has notado el canto de un gallo?
Pero no solo es uno.
Son tantos
que se pierden en la distancia
de la vida que a nosotros todavía
no se arrima ni algunos resignan
perderla en el altar de la esperanza.
—¿Hay que bajarla por si concede
la paz, por lo menos al atrio
y algo más, para que se asolee
de suelo patrio?
Ni tata cura hay para que se arreche.
Que por aquí también lo pronto
nunca pasa. Ni de lejos.
Se ha ido hacia otros lados.
O no existe.
Solo la tal esperanza.
—Lo único que nos ha quedado
de lo que creímos, por confiados
es una inmemorial tardanza.
Dirás, por dejados.
¿Has notado el canto de un gallo?
Son tantos
que se pierden en la distancia,
más allá de lo que hemos querido
y muy cerca de todo
lo que hemos perdido.
Mudan las sazones, pentagraman
el día, acompañan a la familia
y son la única forma conocida
de lo que llamamos “temprano” …
Y temprano ven la lumbre
de los alisios y dejan a la aurora canora
lucir la magia tornasol de su majestuoso
plumaje, cuando el húmedo octubre flota
en la brillante canícula de agosto.
¿Has notado el canto de un gallo?
Pero no solo es uno.
Son tantos
que se pierden en la distancia,
más allá del verano y la siega.
Los cantos divierten sus tonos
y no de perenne llaman a la lluvia...
Puede que cacaraqueen un marzo completo
en medio de la tarde perfecta de junio.
“Más claro no canta un gallo”, reza
el refrán que pone ancla al vaivén…
Cierto: su quiquiriquí como de costumbre
no es incierto, al oírse el primer amén
abierto del día que madruga certidumbres.
Es cuando esa naturalidad
ya casi agotada de los vivientes surge
plena en toda su sonoridad,
y al hacerlo contra el que ruge el cañón,
esta regia criatura afirma la legitimidad
iridiscente de la Creación.
Se insubordina a las fechas
malhadadas que tanto duelen
y aún nos acechan.
Y a las malhechas partituras
de los hombres ansiosos de mieles
individuales al compás de su batuta
de desgracias, y que por sus hieles
de peleles corrió la sangre que los acusa.
Sangre del pueblo. Sangre de Abeles.
Arduos cantores de la paz, desde el confín
del Edén, son la única especie anticipada
de todo lo que respira en la Tierra un fin:
lo mismo advierte el hálito de la alborada
como el primitivo hábito de Caín.
¿Has notado el canto de un gallo?
Pero no solo es uno.
Son tantos
que se pierden en la distancia.
Por ahí, donde ni llega el santo.
Si acaso el mero perro: el Bajísimo.
—Hoy no ha llovido
ni se ha ido el calor.
Si no hay cambio
de tiempo,
habrá de voluntad.
En el reloj
de las altas causas
nunca falta la hora
de los desleales.
Lo que es, ya ha sido,
y lo que será, ya fue.
¿Lo oyes?
Alguien, en alguna parte,
desempolva
su vieja traición guardada.
Los gallos no cantan de balde.
Meseta de la Gran Manquesa,
Xilotepetl, enero 2026.
Ilustraciones
- 1.- Gallo de San Miguelito, Río San Juan, Nicaragua.
- 2.- Gallo de El Dulce Nombre, Jinotepe, Carazo.
- 3.-Gallo de Susucayán, Nueva Segovia, obra extraordinaria del pintor hiperrealista, Patricio Marín. Tomado de "Así es Nicaragua", Wilmor López, Canal 6.
- 4.- Gallo de El Rosario, Carazo.
- 5.- Gallo de El Rosario, Carazo.
- 6.- Pintura de Patricio Marín.
Léxico:
Choco: adj. Gu, Ho, ES, Ni. Referido a persona o animal, tuerto, corto de vista o ciego. Diccionario de Americanismos.




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