Sin José Santos Zelaya ni Rigoberto Cabezas, Nicaragua fuera de 70, 005 km2




Hemos vivido un concepto falso de la vida. Nos engañamos unos a otros. Los que leen cuentan falsedades y los que oyen las repiten y así se va haciendo la historia. Repugna al nicaragüense la verdad y le gustan los cuentos de hadas. Son niños grandes.          

                                                    Escritor Carlos A. Bravo, Revista Conservadora, abril 1964.

                                                                

           


Edwin Sánchez

I

Bueno, ahí tenemos cómo sería el mapa de Nicaragua.

No llegaríamos ni a los 71 mil km2.

Mas, gracias al patriotismo al alimón por el amor de altos kilates que profesaran a nuestro pendón el General José Santos Zelaya y el también General Rigoberto Cabezas, somos la nación más vasta de Centroamérica

El Presidente y Jefe de la Revolución Liberal (1893-1909) envió al intelectual y militar a poner orden, expulsar a los delegados, títeres o mancebos de la hegemonía colonial británica en la llamada Mosquitia.  Y sin esperar más directrices en el terreno invadido, tras sofocar un reintento de secesión, izó el lábaro Azul, Blanco y Azul en el Caribe.

Hablamos de 60,366 km2. de lo que hoy por hoy constituye la Costa.

Hay que decir, no obstante, que en una monografía de los primeros años de 1960, cuando en vez de Nueva Guinea había una brumosa selva, el Estado declaraba para el otrora Departamento de Zelaya, 59 mil 94 km2.  

El 12 de febrero de 1894, un año después de la Revolución Liberal, se logró el más trascendental acto soberano en toda la Historia Patria, entonces reducida a lo que con el tiempo constituirían 15 departamentos.

Nicaragua apenas sumaba 59 mil 972.92 km2 de tierra firme, más 10 mil 33 km2 de lagos y lagunas, de acuerdo con el Instituto Nacional de Información y Desarrollo, INIDE 2005.

Con “el rifle de la historia sobre su nombro”, como diría Pablo Antonio Cuadra, el General Cabezas expandió la nación, kilómetros más, kilómetros menos, a 130 mil 371 km2, según esas cantidades. Empero, son 130 mil 373.5 km2, conforme al Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales, INETER.

Los historiadores de filia conservadora, de fobia liberal y desempeño nada profesional, cuando hablan del General Zelaya se quitan la toga académica y se cruzan en el pecho una bandolera de epítetos denigrantes.

Y lo fusilan en el paredón de su historia (de ellos) con disparos de “dictador”, “tirano”, “despótico”, “blasfemo”, “masón”, “usurpador”...  

                                                                 Gral.Zelaya / Cipriano Orúe. 

Es que los envidiosos, los rencorosos y los dados al odio no toleraron ni ayer ni ahora siete “imperdonables pecados capitales” por los cuales un líder “merece” ser odiado y excomulgado por los siglos de los siglos.

Y sin Amén:

Haber coronado la Geografía de Nicaragua con la joya del Caribe.

Haber movido la Historia Nacional con la Revolución Liberal.

Haber puesto fin al oneroso Estado Parroquial.

Haber disuelto el monopolio de las almas, controlado férrea, supersticiosa y económicamente por la Iglesia Católica.

Haber liberado hasta los muertos. Al desaparecer los llamados “camposantos”, abrió los cementerios para todo el mundo, dejando de ser exclusivos para la feligresía romana.

Haber terminado con el Régimen de Manos Muertas de la “Santa Madre Iglesia”.

La definición del Banco de la República de Colombia es lo que precisamente dejó de existir con Zelaya:

“Las manos muertas eran bienes raíces, muebles, semovientes y censos (préstamos hipotecarios) que no podían ser vendidos o redimidos, por lo cual estaban fuera del mercado. Casi todos los bienes de manos muertas eran bienes controlados por el clero, la cual derivaba un gran poder económico y político de ellos”.

Pero lo que más pesa a esta gentecita es que el Poeta Universal, Rubén Darío, respaldó al Presidente Zelaya y hasta en las horas más duras de tan crudas que padeció, no le retiró su amistad y solidaridad en firme, y con su firma, ante el presidente de Estados Unidos, William H. Taft.

De tal manera que queriendo reducir a un gigante de la Historia a sus ínfimas tallas de hombres envenenados por la ambición, tales enemigos no reconocen que Nicaragua alcanzó el pleno dominio de su soberanía.

Y en vez de exaltar esta página gloriosa de salvar al país de tener por Costa Caribe un Protectorado Inglés en sus costillas, prefieren hablar solo de la “Reincorporación de la Mosquitia”, dándole un sesgo trivial, secundario, provinciano.

II

Para el Pensamiento Conservador vale más, en todos los anales de Nicaragua, la “piedra” de Andrés Castro que haber extendido los angostos y angustiados puntos cardinales del alma nicaragüense, cuyo territorio casi en su mayor parte estaba en manos de la Reina Victoria.

En contexto, no es poca cosa hacerle frente al todopoderoso Imperio Británico que alrededor del mundo contaba con sus Columbias Británicas, sus islas, sus Protectorados como el de Hong Kong, hasta subcontinentes, aparte de sus colosales colonias: la India, que se liberó en 1947 y Australia, que en un tardío 1986 quedó del todo independiente.

Pese a semejante parteaguas en la aciaga Historia de Nicaragua, la mismísima Revolución Sandinista de 1979 —permeada por la ideología conservadora de los que se metieron a última hora a enfrentar a Somoza ¡le siguió pasando la factura!

Borraron el Departamento de Zelaya y en su lugar lo dividieron y renombraron, con un grave desconocimiento de la Historia, la Cultura y la Geografía.

Así aparecieron la “Región Autónoma del Atlántico Norte” y “Región Autónoma del Atlántico Sur”, como si Nicaragua limitara al Este con el Océano Atlántico y no con el Mar Caribe.

Quizás el presidente, Comandante Daniel Ortega, en 2007, trató de enmendar el yerro, rebautizando como Zelaya Central un área de 12,350 km² que incluye Ciudad Rama, Nueva Guinea, El Ayote…

El anulado Departamento de Zelaya representaba nada menos que el 46.30% de la superficie de Nicaragua.                                           


¡Zelaya reducido al 9.47%!

Y si al presidente Zelaya se le niegan los cimientos de Nicaragua que logró con un gran espacio y en cortísimo tiempo, al que ejecutó la proeza, el General Rigoberto Cabezas, le fue peor todavía.

A los ojos del pensamiento conservador solo tiene un mérito…

Ser “el fundador del diarismo en Nicaragua”.                           


“Premio de consuelo”, cada Primero de Marzo se celebra el Día del Periodista con algún mensaje, abundan los bla-bla y los antiguos represores de la prensa se vuelven, desde el exterior, en ardientes “defensores de la “libertad de expresión”, que al final no es más que la de los patrones y latifundistas de los medios de incomunicación.

Y los periodistas, peones de la línea editorial del monólogo empresarial que maneja la opinión de los demás, vendida pomposamente como “la verdad”.  

Pero aquí volvemos a esas balanzas mal calibradas como la de los comerciantes inescrupulosos…

Si en la báscula se pone en un platillo la famosa “piedra de Andrés” y en el otro los 60,366 km2 que constituyen las dos regiones autónomas del Caribe, más Zelaya Central, “pesa más” la pedrada del sargento Castro que la hazaña monumental del General Cabezas.

Vaya, “no valió nada” heredarnos el Pedazo de Cielo íntegro donde vivimos, como cantó Tino López Guerra.

Y es por ese ímpetu de querencia sin fisuras a Nicaragua que, en la actualidad, contamos con una riquísima plataforma continental en el Mar de Las Antillas

Por donde se le vea, no hay justificación, máxime que Cabezas era un civilista, quería abrir escuelas nocturnas para los trabajadores. Que se preparan. A ellos exclamó:

“Ya es hora de despertar, de adquirir conciencia de vuestra fuerza; de proclamar una IDEA, un PROPÓSITO y de ir hacia ADELANTE”.

III

Estamos ante una cosecha cartográfica del olvido, propio del siglo XX, donde la más exuberante extensión territorial, contradictoriamente, era la más invisible del Atlas nicaragüense. Tan invisible como la gesta del general Cabezas de izar la Bandera Nacional en Bluefields, el 12 de febrero de 1894.

Así era Nicaragua en manos de los líderes de la incuria y la desintegración nacional.

Y, bajo esa pequeñez de la oligarquía que redujo Nicaragua a “paisito”, ignoramos la valentía del General Cabezas, porque pensamos todavía que Managua, León, Granada, el mesón de Rivas y la Hacienda San Jacinto son la “Historia” de Nicaragua.                        


Pero lo principal lo relató el Almanaque Mundial en 1968:

“En 1625 los ingleses empezaron a establecerse en la costa de Los Mosquitos y en 1687 el gobernador de Jamaica la declaró protectorado británico. Aunque Inglaterra reconoció en 1786 los derechos de España en aquella región, apenas en el último decenio del siglo XIX PUDO NICARAGUA EJERCER UN DOMINIO EFECTIVO, cuando el general JOSÉ SANTOS ZELAYA invadió la costa y expulsó al pretendido ´rey´ de los mosquitos”.

El escritor y ensayista, doctor Fernando Centeno Zapata, refrenda la incuestionable realidad:

“Rigoberto Cabezas llega a la Costa a cumplir su misión: con sus propias manos baja del asta la bandera inglesa, saca a empujones al Vicecónsul inglés, arranca de su trono al Rey bufo de los mosquitos Henry Clarence y, en la misma asta en que ondeaba la bandera del imperio iza la bandera azul y blanco de Nicaragua. Este hermoso gesto patriótico y heroico se produce el 12 de febrero de 1894”.                          

                                El 19 Digital.

Al General Cabezas que nos legó una Nicaragua completa, paradójicamente se le castigó con una gloria incompleta.

Si alguien duda, ahí está la capital del Caribe Norte que, llamándose Puerto Cabezas más bien prefieren nombrarla “MUDA DE CULEBRA”, que en Mayangna significa Bilwi.

Tampoco se le menciona en todas las Constituciones, concertadas o desconcertadas, que ha gozado o sufrido nuestro país.

En términos prácticos, es un héroe proscrito, que no lo reivindica un triste busto perdido en Masaya ni el Día del Periodista.

Y por él, gracias a Dios, lejos de atormentarnos unas Falkland Islands del Reino Unido en nuestro Mar Caribe, poseemos las preciosas Corn Island y Little Corn Island.                              

                        Intur

Y aun contáramos con San Andrés, si...

Pero más de dos décadas después, los malvados nos dejaron unas Malvinas artificialmente colombianas: San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Nuestros dos Héroes no lo hubieran permitido.


El general Zelaya, depuesto en 1909 por la Nota Knox —aplaudida por la oligarquía conservadora y los traidores infaltables—, llevaba nueve años de fallecido en 1928, cuando Nicaragua es maltratada y cercenada de nuevo por el Tratado Bárcenas-Meneses-Esguerra.

El general Cabezas partió de este ingrato mundo en 1896, sin los honores correspondientes… hasta hoy.

Ambos no cuentan con las debidas esculturas, ni efigies en bronce, ni sus nombres ni sus hitos escritos en mármol.

No hay memoria de ellos en sitios relevantes, dignos de los portentosos acontecimientos que provocaron, salvo un lugar para el General Zelaya en el demográfico Preámbulo de la flamante Carta Magna de 2025.

Pero igual a los héroes de alto calibre Tomás Ruiz, José Dolores Estrada, Rubén Darío, Benjamín Zeledón, Augusto César Sandino, Carlos Fonseca…, su nombre también se pierde en la multitud.

Uno más en una larga lista que se prolonga de extranjeros… Sea hecha la preciada excepción y distinción para el gran nica-boricua, Campeón de la Humanidad, Roberto Clemente.

Sí, no hay avenidas, colegios, politécnicos, universidades, plazas ni mucho menos que se les autorizara a los generales Zelaya y Cabezas enaltecer la División Política Administrativa de la República.

¿Acaso es más meritorio loar a estas alturas la colonización española en el Departamento de Rivas?

Porque así se denomina desde 1720, en reconocimiento al capitán general Francisco Rodríguez de Rivas, presidente de la Audiencia y Capitanía General de Guatemala.

Ahí tenemos mandatarios sin ningún rastro de envergadura como Evaristo Carazo y José Madriz, y que sin haber añadido ni un centímetro de tierra o generado acciones extraordinarias para la Patria, más bien a ellos les añadieron dos importantes departamentos que perpetúan sus apellidos.

¿Lo que hayan obrado estos señores supera los magistrales papeles que protagonizaron Zelaya y Cabezas?

Sin embargo, los dos guerreros nos entregaron el mejor monumento a la Paz:

Nicaragua entera.                                       

Xilotepetl, Meseta de la Gran Manquesa, 26 de febrero, 2026.

 


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