¡Cuidado!
Un disparate bien difundido termina siendo una “verdad absoluta”...
Los términos o vocablos de naturaleza náhuatl, son vocablos de otra lengua, y casualmente son estos vocablos los que nosotros CONSERVAMOS CON TODO EL DERECHO DE PROPIEDAD ATÁVICA, que además está en nuestro terreno vernáculo. Le llaman a eso “españolizar”; pero no puede negarse que resulta una TORPEZA tratar de alterar un vocablo cuya naturaleza ya está determinada en su misma lengua.
Dr. Fernando Silva, lingüista y escritor
Edwin Sánchez
Al leer la Página de Manuel, encontré una fotografía donde se observa cómo han desvirtuado el idioma Náhuatl en Nicaragua.
Me refiero al sitio web del colega Manuel Álvarez Calero, que como Mundo de Noticias, del también periodista Alberto Cano Esteban, acaparan la atención pública de Carazo y otras latitudes fuera de Nicaragua.
https://www.facebook.com/profile.php?id=100069624608072Le recordé a Manuel, en un comentario que aquí extiendo, lo expresado en el Conversatorio sobre Jinotepe, cuyo escenario fue el auditorio de la antigua Normal de Varones Franklin Delano Roosevelt.
Estas instalaciones, otrora deterioradas por la incuria en fila de tres gobiernos anteriores al retorno del Frente Sandinista, hoy cuentan con un remozamiento de lujo, hay que decirlo, aunque falta el perímetro posterior.
Una obra concreta de la Paz que se puede apreciar y gozar, de tan restaurado y transformado que hoy luce el recinto elevado a Palacio de Bellas Artes Joaquín Portocarrero.
“¡Es por nuestros impuestos!”, espetarán algunos.
Bueno, los impuestos los pagamos, y con oro, desde los días de Pedrarias Dávila y Cía. Ilimitada hasta doña Violeta Chamorro, el doctor Arnoldo Alemán y el ingeniero Enrique Bolaños, pasando por el quinto tributado a los reyes de España durante 297 años.
¡Tres centurias!
Así que ese humeante por-mis-impuestos es parte de los nublados de fondo que han quedado del anacrónico y desafinado por-mis-pistolas o por-mis-estolas, que no sacaron de ningún apuro a Nicaragua, al contrario, todo lo empeoraron por rígidos extremismos através de los trágicos siglos XIX y XX.
¡Aprendamos!
No queremos que ruja el cañón, pero tampoco que rija todavía el monólogo de la Guardia Nacional de Somoza con esta paráfris que aún late en el corazon de la sinrazón: “Yo escribo a como me dé la gana”. Ni mucho menos su “democrático”,“occidental” y literal “¡Tenés razón, pero pasá!”.
Expresé pues, como ahora, que están muy, pero muy mal, escribiendo XilotepeTL, tal como aparece ahí pintado en el emblema del equipo de fútbol local, captado por Manuel.
De hecho, un homenaje inconsciente o muy consciente, al legendario Franklin D. RooseveLT —el mejor Presidente de Estados Unidos, a juicio del escritor Carlos Fuentes—, para urdir una rima consonante perfectamente arbitraria: XilotepeLT.

¡Defendamos el Náhuatl clásico!
Así respetamos nuestras culturas autóctonas: el Náhuatl y el Mangue.
Y no nos vayamos en ritos vacíos y chagüites del diente al labio los 12 de octubre, cuando se “conmemora” la “Resistencia indígena, negra y popular”, mientras el resto de los 364 días del año vemos como INDOCUMENTADOS dos sencillos sufijos:
TL y Tzin.
Así atropellamos, como los primeros conquistadores, las lenguas originarias, algo que se suponía ya zanjado, como en México.
Esta PEDANTERÍA se ha dado desde antes, pero ha sido simplemente superada: “...se tiende a recibir las palabras AMERINDIAS en su integridad etimológica, en tanto que durante los siglos pasados se tendía a adaptarlas a las estructuras lingüísticas propias del idioma español, aunque para ellos se tuvieran que hacer VIOLENTOS REAJUSTES y NOTORIAS DISTORSIONES”.
(Lope Blanch, Juan M., La Filología Hisp. en México). Tomado de Fernando Silva, Historia Natural de El Güegüence, p. 13.
Sin embargo, si yo ahorita escribiera “uÁder” (agua), Guáschinton o RússveTL, los defensores de la pureza del inglés, que se sobrarían en legiones, se rasgarían las vestiduras y me “corregirían”, por no decir ACABAR:
“¡Es WATER!, ¡¡¡Qué horror!!!
“¡Es Washington! ¿Y dónde estudió ése?
“¡Es RooseveLT! ¡Qué barbaridad, ni eso sabe!”.
Lamentablemente no sucede así con nuestros dos idiomas
madres, que con el español completamos la tríada de nuestra habla nicaragüense.
Más bien ovacionarían con fervor el error, que eso significa, al fin y al cabo, la multiplicación del yerro.
Un golpe a la nicaraguanidad que se oficializó en la última década del siglo XX, cuando el titular de Educación era el doctor Humberto Belli, Ministro de doña Violeta Chamorro, cargo que prolongó el Presidente Arnoldo Alemán —y prologó su mandato— por Acuerdo Presidencial No, 8-97, publicado en La Gaceta del 13 de enero de 1997.
A pesar de ello, lingüistas como don Carlos Mántica han mantenido la escritura correcta como en su libro editado por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, GRUN, en 2008, cuando todavía no asomaba algún rescoldo de la Ciudad Letrada para continuar su “pedantesca” labor.
No tiene sentido continuar demoliendo el Náhuatl, si comprendemos que obedece a la ofensiva ideológica para desmontar la Historia Nacional a favor de la Restauración Conservadora, cuya narrativa nada nativa desprecia al General José Santos Zelaya con la misma magnitud de siempre con que detestan al Ejército Nacional.
Es que aquí hubo una destrucción calculada de los patrimonios nacionales, tangibles e intangibles.
¿Ya nadie se acuerda del doctor Belli que mandó quitar el nombre de la Escuela Luis Alfonso Velásquez Flores, para rebautizarlo Máximo Jerez?
Fue un desafortunado homenaje gubernamental a su “prócer” que contrató, en Estados Unidos, al trío de abyectos mercenarios: William Walker, Byron Cole y al pirómano que escribió el vil rótulo Here was Granada, tras incendiarla: Charles Frederick Henningsen.
¿Tampoco nos acordamos que la Educación Pública fue mandada al calabozo neoliberal, quedando detrás de los barrotes del Código de Barras, mientras desguazaban al Estado, se destazaba el Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua y otros se despachaban hermoso Nicaragua?
FCdelPN/ Página El Sauce.Conclusión...
Es tan deplorable el desconocimiento a lo inherente, a lo natural y lo bello, que las mismas muchachas bautizadas con la gracia del silbo que florece en el alba del encanto náhuatl, Xochitl —Flor—, hoy por desgracia se firman, sin amor a su propio nombre, XochiLT.
¿Seguiremos arrancando las raíces ancestrales para tumbar el sensitivo Árbol de nuestra frondosa Identidad Nacional?
Cuidado...
Un disparate bien difundido por la PEDANTERÍA termina siendo una “verdad absoluta” para los que confunden la vida con su confortable cautiverio de repetir lo que algunos, creyéndose superiores al resto de la sociedad, “pontifican”.


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