Breve diálogo sobre el Güegüence con Wilmor López,  y acierto de Alberto Cano





Edwin Sánchez / Escritor  (*)


El apreciado periodista y autor inédito, Alberto Cano (Carazo, Nicaragua), publicó en su página vastamente leída, “Mundo de Noticias”, una imagen del Macho Ratón, con la necesaria reivindicación:

“No soy Toro, soy Macho y no Güegüense, sino Güegüence”.

El Primer Defensor de la Soberanía Cultural de Nicaragua, el hermano Wilmor López, al ver la ilustración y texto, lo describió como un “Epigrama festivo”. Y ya hablamos de Alberto escribiendo epigramas.

Y aclaró: “Ese del dibujo es un macho ratón”.

A lo que le argumenté:

“Claro. Aquí lo que importa es el nombre correcto.  La imagen se reporta como la marca histórica de la obra. Sabemos que el GüegüenCe es el personaje principal. Pero la máscara es el sello”.

Y agregué, sobre la base del retrato que luce el imprescindible libro “El Güegüence”, de don Carlos Mántica, donde aparecen tres personajes:


“La portada es tu magnífica fotografía. Para la gente resulta más fácil identificar el Macho Ratón que determinar cuál de los tres personajes es el Güegüence”.

Wilmor, Asesor del Presidente de la República para todos los temas de Cultura Tradicional y Popular, dijo:

“Esa afirmación es correcta, y por eso el pueblo le llama a la obra el Macho Ratón”.

Aprecio tu indispensable labor cultural, le dije a Wilmor Efraín López Martínez, natural de Santa Teresa de Las Melcochas.

“Y me siento muy contento que haya un nicaragüense de los que sueñan la Patria Grande de Rubén, en la primera fila de la defensa de nuestra NICARAGUANIDAD”.

Por supuesto, también gracias a Alberto que ocupa su puesto en esta incesante lucha por defender el Patrimonio Cultural de nuestra Nicaragua, y que se resiste a comercializar, banalizar, menospreciar el legítimo nombre de El Güegüence, degradado en Güegüense.

Por ello, Alberto Cano Esteban se une a la lista de oro de los que respetan esta prístina creación nicaragüense que fue, y es, un jonrón con las bases llenas: es teatro, es danza, es literatura, es música.

Y ha inspirado las artes plásticas como ninguna otra expresión artística.

Por algo José Martí elevó El Güegüence a “Comedia Maestra”, mientras el enorme Salomón de la Selva reconoció su “valor literario indiscutible”.

                                        La Prensa Literaria, Noviembre, 1977.

Honor a los que han sabido escribir, estudiar, desentrañar, admirar nuestra primera obra maestra reveladora, abarcadora, perdurable que data del siglo XVII.

Porque El Güegüence es Historia.

Honor a los hombres como el descubridor de los manuscritos originales, el lingüista Juan Eligio de la Rocha; José Martí, Rubén Darío, Emilio Álvarez Lejarza, Pablo Antonio Cuadra, Alejandro Dávila Bolaños, Carlos Mántica, Francisco Pérez Estrada, Fernando Silva y el mismo Jorge Eduardo Arellano…

El doctor Arellano de los años 70 aún escribía el Güegüence con C (de la partícula Tzin, el, pero en sentido reverente: El Viejo, El Güegüe, el Güegüetzin; vale decir, no cualquier viejo).

No se debe maltratar con la ignorancia lo que los estudiosos y lingüistas nos han enseñado, como el doctor Silva.

Dibujo de Fernando Silva del rostro de El Güegüence

Cuando Alberto se enteró de la verdadera grafía que se le ha escamoteado a El GüegüenCe, y con su propia documentación, no actuó como uno de esos arrogantes que se cree “sabio”, y por encima de los demás, con su “diplomático” voy-a-ver.

El que investiga, llega a la verdad.

Humilde, nos ha dado esta hermosa estampa, que si midiéramos del 1 al 10 los grados de intensidad patriótica que revelan, el Pinolerómetro marcaría 10 para Alberto, según la Escala del Amor a Nicaragua.

Sea dicho a los 26 días de Marzo del Año del Señor, 2026, en Xilotepetl, Meseta de la Primavera de La Gran Manquesa.
 

(*) Premio Nacional Rubén Darío/ Orden Rigoberto Cabezas.

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