Elogio al Gallopinto: partida de                 nacimiento de la Nicaraguanidad

 


Edwin Sánchez

I

Ya va siendo la hora de darle su lugar al Plato del Pueblo.

Contamos con el Árbol Nacional, el Madroño, empero algunos quisieran el Guanacaste.

El Ave Guardabarranco, mas preferiría el Zanate

O la urraca.

Y la Flor de Sacuanjoche, aunque para no pocos debería ser de Caña.

Todos fueron declarados símbolos nacionales en 1971.

Apenas 55 años que ni siquiera condensan una gota en el borrascoso mar del tiempo.

Pero hace falta el distintivo principal de la vitalidad nacional.

Hablamos pues del Gallopinto, así, junto, muy juntito al pueblo.

Que si los frijoles están más revueltos con el arroz que desunidos, ya deberíamos reivindicar nuestro Plato Soberano con el sello de la República.

Basta una escritura de la Asamblea Nacional.

Sí, una sola palabra compuesta en el fogón del castellano nicaragüense, para deleitarse: Gallopinto. 

No es de balde que Nicaragua sea un pueblo creativo, sensitivo, empático, dado al bien.

Es proverbial su hospitalidad.

La cultura popular es vasta y tan alta como sus impresionantes volcanes lacustres, El Maderas y El Concepción.

Su poesía, imponente como el “ronco y sonoro Momotombo” de Rubén Darío, extiende un remanso de viviente renovación y musicalidad, con la cadencia de versos en la brisa del Universo que contemplara el gran titán en el espejo del Lago de Managua.

Ah, y la gastronomía nicaragüense, también de dos en dos…

Vaho y Rondón.

Indio Viejo y Picadillo.

Nacatamal y Tamuga.

Yoltamal y Tamal Pisque.

Pinol y Pinolillo.

Tibio y Chilate…

La güirila y el perrerreque.

         Güirila de Nueva Guinea/ Imagen del maestro Wilmor López.

Nuestra feraz geografía quizás posea los vestigios bíblicos del Diluvio Universal en la Mar Dulce del Cocibolca y el Xolotlán, que de eso preguntó el Cacique Macuil Miquixtli al capitán Gil González Dávila.

Las históricas rivalidades españolas: León y Granada.

Norte y Sur, los fronterizos ríos Coco y San Juan.

Y el sustento de la nicaraguanidad: el Gallopinto.

Arroz y frijoles, los granos básicos de la jornada.

Nuestro transmutado Azul y Blanco alimenticio.

El Símbolo que saboreamos.

El Himno que nos alimenta y nos alienta.

Nuestra nacionalidad que nos fortalece.

La tortilla prehispánica y la cuajada…

     

Si no encontramos nuestra comida, nos hace exclamar desde la cocina y la mesa, pasando por la fritanguería, la misma interjección patrimonial de Nicaragua: ¡Ideay!

Historia y Gallopinto.

Aquí es cuando precisamos que podrán variar los nombres y más los ingredientes en algunos países, la forma de prepararlos y el sabor, pero es el Gallopinto el que tiene su acta de nacimiento en Nicaragua.

Es la Nicaraguanidad asentada en el Registro Civil del paladar autóctono.

Sin embargo, para no darle crédito a Nicaragua, algunos estudiosos de la gastronomía de Costa Rica, ubican sus primicias en el Caribe… de ellos, por supuesto. Y de allí, la infeliz especulación, no el Gallopinto, comenzó a propalarse.

Es una elucubración sin asidero binacional.

Una prueba más de la falsedad urdida en Costa Rica, es responder… ¿Por qué el Rundown continuó siendo un plato estrictamente costeño?

Si fuera como dicen, el Rondón sería tan común en los comedores, fritanguerías y mercados de Chinandega, León, San Marcos, Juigalpa, Managua, Diriomo, Rivas…

A esta apócrifa receta de prefabricar un origen a la carta del Gallopinto, le faltan los ingredientes de las múltiples capas de cebollita frita que envuelven una verdadera historia, el aceite de la cultura, meterle más diente de ajo al tema y otro tanto de ojo investigativo, para terminar de darle, con la chiltoma, la debida sazón nutricional a la razón.

Únicamente así se fríe a como se debe: en la paila legítima de su natal geografía.

No hay por qué caer en el exceso de grasa súper saturada de insensatez.

Para una eficiente investigación, basta la nada costosa sinceridad. Verbigracia, no es ético escamotear los desmesurados beneficios que, muy temprano en el siglo XIX, la entreguista oligarquía de Nicaragua le concedió a Costa Rica en bandeja de Patria traicionada: NICOYA y GUANACASTE.

         Nicaragua con su Nicoya y Guanacaste, en tiempos de William Walker, contratado por el "prócer" Máxmo Jerez./Portal de Historia de Nicaragua.

Esa enorme extensión territorial —superior en superficie a Puerto Rico, Chipre, El Líbano o Montenegro— estaba colmada de nicaragüenses con toda su riqueza cultural...

Así que de nuestro mapa prístino también fue arrancado el Gallopinto. Por algo el inconsciente colectivo meridional lo nombra y escribe escindido: gallo-pinto.

Wikipedia, por ejemplo, subraya:

“Guanacaste es CUNA DE MUCHOS ASPECTOS del FOLCLOR de Costa Rica, tales como la música, instrumentos como la marimba y el quijongo, danzas tradicionales como el punto guanacasteco, la gastronomía derivada del maíz y del ganado, y la cultura propia de la vida de la hacienda y el campo”.

Por si faltan más evidencias, en otra entrada, la enciclopedia virtual detalla que “Por Guanacaste entraron los primeros conquistadores españoles, siguiendo la ruta de Nicoya desde Nicaragua, y por allí introdujeron el arroz, cuyo cultivo para el siglo XVIII ya era de importancia”.

Recordemos que niquiranos, chorotegas, chontales y matagalpas procedían de México y llegaron a Nicaragua con frijoles en canastos o mecapales, especie de “mochila” de carrizo, cargados en sus espaldas, para cultivarlos.

Faltaba el arroz que acarrearon los españoles.

Allí está Granada, un testimonio arquitectónico y gastronómico de 502 años.

Es decir, los pueblos originarios que ya sembraban el frijol, dieron en el blanco con el arroz que trajeron los expedicionarios, para mezclarlos y elaborar nuestro mestizo Gallopinto, vale decir, nuestra identidad nacional.

En un documento de 1769, se indica: “Contrario a las haciendas, generalmente sembraban (los nativos) una mayor variedad de cultivos… Las provisiones incluían generalmente maíz, frijoles, plátanos, arroz y azúcar” (Supervivencia indígena en la Nicaragua colonial, Linda A. Newson, University of London Press, 2021).

Las parcelas de frijoles antes de la llegada de los españoles eran comunes en la antigua provincia de Nagarando (León, Posoltega, Xolotlán) y Nindirí, Diriomo, Diriá, Catarina…, por citar algunas localidades.

“… las cantidades de fanegas de maíz, frijoles y algodón a sembrar por los habitantes del pueblo de Diriega, en la jurisdicción de Granada, se redujeron a 20, 20 y 10 – respectivamente – en 1546, a 10, 4 y 5 en 1548…” (Supervivencia…).

II

El Gobierno de México destaca en su portal: “Hallazgos confirman que el frijol era cultivado en Mesoamérica hace ya 8,000 años y que fue una de las principales especies que se integró a la dieta básica de las culturas indígenas”.

Es justo reconocer que fueron los pueblos de las grandes civilizaciones del México precolombino —que los fascistas españoles de Vox descalifican como “tribus” salvajes a quienes les debemos el cultivo de la leguminosa creada por Dios.

El frijol permitió a las culturas indígenas del México antiguo tener una dieta muy nutritiva por ser un alimento enriquecedor” (Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural | 29 de febrero de 2020).

Del frijol telúrico, proteínico, cardiosaludable que vendría a pie y a lomo de americanos ancestrales, y del arroz integral de las naos, con fibra, minerales y muy vitamínico, es nuestro extraordinario Gallopinto.

Comestible e inconfundible metáfora del plumaje colorido del gallo, suavemente acentuados en los tonos perfectos de la paleta del Creador.


Los nicaragüenses no buscaron otra ave o animal para representar enteramente su vigor que la prestancia, encanto, valentía y gallardía del gallo que pone en pie el día con su canto del Alba.

De ahí que no podamos hablar del Gallopinto en blanco y negro, pues es de alta gama la Historia que amalgama a Nicaragua…

Ya lo dijo Don Quijote: “para sacar una verdad en limpio, menester son muchas pruebas y repruebas”.

Y es que a los ticos les encanta el frijol negro, y, siguiendo esa preferencia, es difícil encontrar un tradicional Gallopinto sin el seda nicaragüense.

Un estudioso confirma que “una buena parte del frijol rojo se importa de Nicaragua a Costa Rica con cero aranceles”.

Leiner Vargas, economista del Centro Internacional de Política Económica de la Universidad Nacional (Cinpe-UNA), esgrimió que “por razones idiosincráticas”, “cerca de 330 mil hogares costarricenses consumieron frijoles negros y un poco más de 270 mil hogares consumieron frijoles rojos”.

La cultura del tico de comer frijol negro entero hace que sea el más apetecido; de hecho, eso se aprecia en los mercados de los pueblos y, sobre todo, en nuestras tradiciones culinarias con el gallo pinto y el casado. Aunque en algunas partes del Istmo, principalmente de Nicaragua hasta Guatemala se come mucho frijol rojo”, detalló Vargas (Agosto 2022).

No hay cresta sin color rojo.

Y cuesta creer que el Gallopinto sea distinto al original de la tierra diriana, dariense y dariana.

III

Es muy maquiavélico reducir toda Nicaragua a la “política”, porque al final el mayor perjudicado es el pueblo.

Pintar al país con los colores tétricos de las Factorías de la Posverdad para eliminar de tajo una realidad que les resulta inoportuna porque desbarata los infundios de sus intereses creados, es perverso.

Mientras esa prensa venal embiste a Nicaragua, viste a Costa Rica de lugar “ideal”, “amable con la naturaleza”, “paraíso para turistear sin peligro”, jubilarse y… paladear el “mejor gallo- pinto”.

En este punto de la falsificada historia, “el país malo” es Nicaragua.

La verdad, el país más grande de Centroamérica consagra la vida, y posee una seguridad ciudadana de las mejores en América.

Además, no es bodega del narcotráfico que dispara la violencia y criminalidad, ni andan por las calles homicidas y matones a sueldo, como sufren —en el hemisferio— algunas invivibles democracias.

Al respecto, un estudio de la española Fundación Carolina, en julio 2024, deplora que “países considerados tradicionalmente “seguros” —como Ecuador, Costa Rica, Uruguay y Chile— han experimentado un aumento significativo de sus tasas de violencia en los últimos años (Dammert, Croci y Frey, 2024)”.

Ocultar la tranquilidad ciudadana, no darle méritos para nada a Nicaragua, incluido volver “tico” el Gallopinto, solo es un segmento envenenado de un catálogo alevoso, infame y discriminatorio, pero rentable.

No obstante, el orbe comienza a probar y aprobar el PLATO INSIGNIA DE LA CUCHARA NICARAGÜENSE sin objeción alguna, como reporta Los Ángeles Time, de Estados Unidos:

“La nostalgia por el gallo pinto nicaragüense, las pupusas salvadoreñas, las garnachas guatemaltecas… se disipa al llegar al restaurante de Blanca Pérez en el vecindario West Adams de Los Ángeles, un negocio que se ha especializado en la gastronomía de Honduras y que brinda una variedad de platillos centroamericanos (SOUDI JIMÉNEZ ESCRITOR. ENE. 18, 2024 Los Ángeles).

El Mundo Boston distinguió que, si bien forma parte de la “tradición culinaria de varios países iberoamericanos, sin duda” el gallopinto “más famoso es el preparado en Nicaragua…”.

No se puede negar que en Costa Rica consumen el gallo pinto a su estilo, con salsa Lizano y debidamente separado del oriundo de Nicaragua, como lo hacen con la integración regional, el CA-4, el Parlacen y cualquier voluntad que pretenda unir los vigores dispersos de Centroamérica.

Si alguien todavía titubea de nuestro Gallopinto vernáculo, baste decir que Costa Rica se siente “Suiza”, y por la víspera de su lema se saca el día: no es tico ni europeo, sino Hecho en México.

Fue el actor y comediante José Antonio Espino Mora, el insigne Clavillazo, que con una película de 1956, clavó en el alma de Costa Rica su “¡Pura vida!”.

Dicho esto, Nicaragua es una hermosa latitud creativa y vivificante en el mundo, donde el único fierro que aceptamos, nos gusta y nos marca, es el Hierro Nutricional del arroz y los frijoles.

Nuestro Plato Nacional que ahora es ofertado en los supermercados.

Gracias al Altísimo Yahvé, en el nombre poderoso de Jesucristo, Único Intermediario entre Dios y la humanidad.

Gracias porque nos provee los suficientes minerales y proteínas no para la muerte, sino para vivir en PAZ:

El Gallopinto nuestro de cada día.


13 de junio 2026.

 

 

 

 

 



Comentarios

Entradas más populares de este blog