¡PAZ!


Torre norte de la hermosa Parroquia Santiago de Xilotepetl, Nicaragua.

                        

                     ¡PAZ!


La Paz es un cielo azul de infinitas

bondades. Una hermosa torre erguida

de Luz con las puras armonías legítimas

que nuestro Dios nos da con la Vida.

 

Sonarán en breve las alegres campanas

del día grande de las elegidas plegarias,

contestadas para mover toda montaña

con la misma potencia de la fe bimilenaria.

 

Vendrá Jesús aquel esperado día

por los espíritus de buena voluntad

que doblaron con dignidad sus rodillas,

no ante el egoísmo, la hipocresía y la iniquidad,

sino delante de quien dio la otra mejilla

de Dios: la mejilla de su humanidad.

 

Se sacrificó por nosotros. Sufrió el indecible dolor.

¿Le volveremos a crucificar con una nueva corona

de espinas afiladas por la maldad y el rencor?

 

¿Clavaremos sus manos y sus pies con la codicia,

la traición y “las crueles insidias”? Adorémosle mejor

con amar al prójimo. Cesen los odios y las injusticias.

 

¡Paz!


¡Proclamemos el Arte

de la Paz!


No a la falsedad y la cizaña del que al desastre

de la guerra llama, por ser incapaz de amar.

 

Cuidemos el Pan de la Paz que Él

nos prodiga. El Pan que detesta

la mala levadura del antiguo Luzbel.

 

No rindamos culto al bélico Marte

ni a Huitzilopochtli, que aún no se han ido.

Por distintos lares quedan los muertos de Ares.


No nos engañen. No son dioses vencidos.

El presupuesto que los hombres dan a mares

para “azuzar la Muerte” los mantienen vivos.


¡Oh, Rabí!

 

Dos mil años después de la suma virtud,

¿justificará tu Padre un perdón mayor porque hoy

sí sabemos lo que hacemos? No más ingratitud.

 

Sí, no más ingratitud a tu sangre y tus llagas, Señor;

a tu Calvario y tu Cruz. Bajo la transparencia azul

del cielo de tu Luz, vos sos, Jesús, mi Único Salvador.

 

Edwin Sánchez/ 11 de junio 2026.

 

 

 

 

 

 


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