Reflexiones a cuatro carriles con fondo del Mombacho y preguntas que “caen mal” 


Edwin Sánchez 

Al observar la verde cadencia que toma los rumbos infinitos del azul ascendente, en una plástica metáfora de la paz erguida en la apacible belleza del volcán Mombacho, y aún ver que el inmemorial panorama hace juego con la excelente carretera de cuatro carriles en Diriomo, se divisan también en su geografía algunas preguntas de la Historia…

Si el pueblo pagaba sus impuestos cumplidamente al Estado antes de 2007, y hoy algunos insisten con el ¡para-eso-les-pagan!...

¿Por qué había una cratérica y estrechísima carpeta asfáltica que era la versión más deprimente de la Carretera Panamericana en América?

¿Por qué dos furgones en sentido contrario no podían transitar a la vez?

¿Por qué hasta la muerte de un Papa —que no era de transición—, los gobiernos construían angostos puentes de cuarto mundo, tan frágiles que las corrientes de un aguacero bien puesto los tumbaban, restituyendo la incomunicación de poblaciones enteras?

¿Por qué los regímenes de camionetonas con todas las extras de la vanidad, no hacían nada por los usuarios que viajaban en buses destartalados, a riesgo de sufrir accidentes mortales?

¿Por qué la maltratada República llegaba hasta Acoyapa, por más valioso que fuera el sureste verdor?

Para la inoperancia gubernamental, el “resto era monte”: nada menos que la GLORIA FLUVIAL de Nicaragua.

Todo el territorio, con sus pobladores y ecosistemas invaluables, apenas quedaban unidos a un diluido país que no pasaba del apurado eslogan patriotero —y sin ningún contenido socioeconómico—: “Río San Juan es Nicaragua”.

Vayan ahora a San Carlos, y comprueben la diferencia entre un lema vacío y la feliz unificación con su Patria.

Puente Santa Fe sobre el Río San Juan, donado por el gobierno de Japón./ Intur.

Si el pueblo pagaba sus impuestos, ¿por qué Nicaragua, en manos de la “democracia”, contaba con la única Capital del mundo sin ciudad?

¿Por qué 35 años después de aquel trágico 23 de diciembre, todavía los gobiernos “demócratas” conservaban los edificios terremoteados y con sus escombros HABITADOS por 400 familias paupérrimas?

Con estas tristes y lamentables herencias del “Estado de Derecho” y de los preocupadísimos “defensores de los Derechos Humanos”, es que debió bregar y resolver el actual gobierno.

Los damnificados de la negligencia “democrática” fueron trasladados a una ciudadela “de paquete”, para vivir con la dignidad que se merecen.

Si el pueblo pagaba sus impuestos, ¿por qué el Lago Xolotlán continuaba como el más colosal muladar de Centroamérica?

¿Por qué no recuperaron la vocación lacustre de Managua, dotándole de un Malecón y de un Puerto como ahora?

¿Por qué solo el 54% de los hogares de la nación contaban con energía, y de ajuste sucia, generada en un 75% por el contaminante petróleo, mientras hoy la matriz eléctrica cubre casi el 100% de las casas y con el 75% de fuentes limpias, renovables: agua, viento, geotermia, sol y biomasa de los ingenios?

¿Por qué la Costa Caribe estaba aislada y en total abandono desde que Cristóbal Colón la miró por primera vez el viernes 12 de septiembre de 1502?

¿Por qué desaprovecharon semejante extensión territorial para la prosperidad de su gente, desapareciéndola, borrándola, ninguneándola con el incorrecto nombre de la “Costa Atlántica”?

¿Por qué el maravilloso Caribe comenzó a ser tomado en cuenta, y en grande, solamente 505 años después, pasando por 11 Reyes del Imperio Español (1524-1821); 11 Jefes de Estado (1822–1838); 31 Directores Supremos (1838–1854); 38 presidentes, entre oligarcas, de “sangre azul” y sin pedigrí (1854–2006), más el de facto nefasto de Tennessee; 2 juntas de gobiernos, 1 gobierno chachagua (Tomás Martínez-Máximo Jerez, 1857) 1 triunvirato y los infaltables como injustificables golpes de Estado para nada?

(Se exceptúa la Revolución Liberal del General José Santos Zelaya que con el también General Rigoberto Cabezas, ampliaron el Mapa de Nicaragua, al recuperar tanta inmensidad desperdiciada en poder del Imperio Inglés en 1894).

Si el pueblo pagaba sus impuestos, ¿por qué los gobiernos del siglo XIX, XX y del mal estrenado XXI, no consideraron la enorme superficie como región integrante de Nicaragua?

Unas latitudes en las que fácilmente caben dos países europeos completos, Suiza y Bélgica (para aquellos que menosprecian a su Patria porque es “chiquita”, “paisito”, “nicaragüita”), más El Salvador, excepto cuatro departamentos de los 14 que cuenta.

                  Puente sobre el río Wawa que une el Caribe y el Centro con el Pacífico./ Imagen tomada de Barricada.

Puentes y carreteras, hospitales altamente equipados con tecnología de punta y universidades, constituyen una notable y eficaz unión nacional de Costa a Costa, otrora separadas por la incuria y la falta de amor al prójimo, y no por la geografía: el Pacífico y el Caribe.

Hemos entrado a la era del boom de la infraestructura nacional como jamás se vio, y que es tan crucial para el desarrollo de la nación.

En la actualidad se construyen amplios y resistentes puentes que nunca se habían instalado en el país. Son de todo tiempo, y con el valor agregado de proliferar el buen gusto por sus formidables diseños.

En el inventario de lo espléndido no entran los llamados “árboles de la vida” que restan encanto, por su ruido visual, a lo asombroso que Dios nos ofrece a través de la naturaleza, y que no debe ser, de ningún modo, maculada.

Su embellecida creación llamada Nicaragua, formada por “un pedazo de cielo”, como testimonió Tino López Guerra, no necesita de “ayudas” ni “retoques”.

Sí requiere el monumental esfuerzo que estamos no solo viendo, sino beneficiándonos, como en el área de la salud pública, con todos los adelantos médico-tecnológicos, así como el tratamiento del cáncer, y las máquinas para la hemodiálisis, antes escasas y concentradas en Managua, con una mal equipada red hospitalaria.

Gracias al Señor, se acabó la trocha como política de Estado que prevaleció durante los regímenes de estrecha visión y robustamente apertrechados de un insalubre determinismo: no sacar a asolear el grandioso destino de la nación, hundida en el más mohoso y oscuro sótano del subdesarrollo.

Hoy es la Nicaragua de los cuatro carriles.

No habitamos el Paraíso, es cierto, porque toda obra de los hombres es eso, HUMANA, no divina, pero ello no quita que estemos a muchos años luz del infierno en que otras naciones viven “democráticamente”, algunas en las fauces del crimen organizado.

Nos cuadre o no nos cuadre, ninguno de los regímenes anteriores consiguió en más de cinco siglos, lo que en estos años ha logrado la Administración del expresidente Daniel Ortega, hoy copresidente, y la copresidenta, Rosario Murillo.

Que falta, sí, falta.

Que empacha, por ejemplo, ver la estatua y efigie de Sandino uniformar Nicaragua y menguar la admirable originalidad de cada ciudad y poblado, como si no pudiéramos salir de un bucle con todo y pitoretas, bocinas y ulular de sirenas; sí, empacha.

Más el país progresa en la Paz.

Y nos enseña que con odio, nada de estos ostensibles avances serían posible.

Porque el odio destruye.

Solo el amor construye.

Ahí están los resultados.

Son realidades. Hechos. Datos. 

Son los impuestos que al fin los vemos por todas partes.

Es la Historia.

Y Dios, que “estableció su trono en los cielos”, mueve las ruedas de la Historia en la Tierra, aunque los hijos de los hombres quieran detenerla…

Porque “su reino domina sobre todos”.

(Salmo 103:19).

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