Reflexiones a cuatro carriles con fondo del Mombacho y preguntas que “caen mal”
Edwin Sánchez
Al observar la verde cadencia que toma los rumbos
infinitos del azul ascendente, en una plástica metáfora de la paz erguida en la
apacible belleza del volcán Mombacho, y aún ver que el inmemorial panorama hace
juego con la excelente carretera de cuatro carriles en Diriomo, se divisan
también en su geografía algunas preguntas de la Historia…
Si el pueblo pagaba sus impuestos cumplidamente al
Estado antes de 2007, y hoy algunos insisten con el ¡para-eso-les-pagan!...
¿Por qué había una cratérica y estrechísima carpeta
asfáltica que era la versión más deprimente de la Carretera Panamericana en
América?
¿Por qué dos furgones en sentido contrario no podían
transitar a la vez?
¿Por qué hasta la muerte de un Papa —que no era de
transición—, los gobiernos construían angostos puentes de cuarto mundo, tan
frágiles que las corrientes de un aguacero bien puesto los tumbaban,
restituyendo la incomunicación de poblaciones enteras?
¿Por qué los regímenes de camionetonas con todas las
extras de la vanidad, no hacían nada por los usuarios que viajaban en buses
destartalados, a riesgo de sufrir accidentes mortales?
¿Por qué la maltratada República llegaba hasta
Acoyapa, por más valioso que fuera el sureste verdor?
Para la inoperancia gubernamental, el “resto era
monte”: nada menos que la GLORIA FLUVIAL de Nicaragua.
Todo el territorio, con sus pobladores y ecosistemas
invaluables, apenas quedaban unidos a un diluido país que no pasaba del apurado
eslogan patriotero —y sin ningún contenido socioeconómico—: “Río San Juan es
Nicaragua”.
Vayan ahora a San Carlos, y comprueben la diferencia
entre un lema vacío y la feliz unificación con su Patria.
Si el pueblo pagaba sus impuestos, ¿por qué Nicaragua,
en manos de la “democracia”, contaba con la única Capital del mundo sin ciudad?
Con estas tristes y lamentables herencias del “Estado
de Derecho” y de los preocupadísimos “defensores de los Derechos Humanos”, es
que debió bregar y resolver el actual gobierno.
Los damnificados de la negligencia “democrática”
fueron trasladados a una ciudadela “de paquete”, para vivir con la dignidad que
se merecen.
Si el pueblo pagaba sus impuestos, ¿por qué el Lago
Xolotlán continuaba como el más colosal muladar de Centroamérica?
¿Por qué no recuperaron la vocación lacustre de
Managua, dotándole de un Malecón y de un Puerto como ahora?
¿Por qué solo el 54% de los hogares de la nación
contaban con energía, y de ajuste sucia, generada en un 75% por el contaminante
petróleo, mientras hoy la matriz eléctrica cubre casi el 100% de las casas y
con el 75% de fuentes limpias, renovables: agua, viento, geotermia, sol y
biomasa de los ingenios?
¿Por qué la Costa Caribe estaba aislada y en total
abandono desde que Cristóbal Colón la miró por primera vez el viernes 12 de
septiembre de 1502?
¿Por qué desaprovecharon semejante extensión
territorial para la prosperidad de su gente, desapareciéndola, borrándola,
ninguneándola con el incorrecto nombre de la “Costa Atlántica”?
¿Por qué el maravilloso Caribe comenzó a ser tomado en
cuenta, y en grande, solamente 505 años después, pasando por 11 Reyes del
Imperio Español (1524-1821); 11 Jefes de Estado (1822–1838); 31 Directores
Supremos (1838–1854); 38 presidentes, entre oligarcas, de “sangre azul” y sin
pedigrí (1854–2006), más el de facto nefasto de Tennessee; 2 juntas de
gobiernos, 1 gobierno chachagua (Tomás Martínez-Máximo Jerez, 1857) 1
triunvirato y los infaltables como injustificables golpes de Estado para nada?
(Se exceptúa la Revolución Liberal del General José
Santos Zelaya que con el también General Rigoberto Cabezas, ampliaron el Mapa
de Nicaragua, al recuperar tanta inmensidad desperdiciada en poder del Imperio
Inglés en 1894).
Si el pueblo pagaba sus impuestos, ¿por qué los
gobiernos del siglo XIX, XX y del mal estrenado XXI, no consideraron la enorme
superficie como región integrante de Nicaragua?
Unas latitudes en las que fácilmente caben dos países
europeos completos, Suiza y Bélgica (para aquellos que menosprecian a su Patria
porque es “chiquita”, “paisito”, “nicaragüita”), más El Salvador, excepto
cuatro departamentos de los 14 que cuenta.
Puentes y carreteras, hospitales altamente equipados con tecnología de punta y universidades, constituyen una notable y eficaz unión nacional de Costa a Costa, otrora separadas por la incuria y la falta de amor al prójimo, y no por la geografía: el Pacífico y el Caribe.
Hemos entrado a la era del boom de la infraestructura
nacional como jamás se vio, y que es tan crucial para el desarrollo de la
nación.
En la actualidad se construyen amplios y resistentes
puentes que nunca se habían instalado en el país. Son de todo tiempo, y con el
valor agregado de proliferar el buen gusto por sus formidables diseños.
En el inventario de lo espléndido no entran los
llamados “árboles de la vida” que restan encanto, por su ruido visual, a lo
asombroso que Dios nos ofrece a través de la naturaleza, y que no debe ser, de
ningún modo, maculada.
Su embellecida creación llamada Nicaragua, formada por
“un pedazo de cielo”, como testimonió Tino López Guerra, no necesita de
“ayudas” ni “retoques”.
Sí requiere el monumental esfuerzo que estamos no solo
viendo, sino beneficiándonos, como en el área de la salud pública, con todos
los adelantos médico-tecnológicos, así como el tratamiento del cáncer, y las
máquinas para la hemodiálisis, antes escasas y concentradas en Managua, con una
mal equipada red hospitalaria.
Gracias al Señor, se acabó la trocha como política de
Estado que prevaleció durante los regímenes de estrecha visión y robustamente
apertrechados de un insalubre determinismo: no sacar a asolear el grandioso
destino de la nación, hundida en el más mohoso y oscuro sótano del
subdesarrollo.
Hoy es la Nicaragua de los cuatro carriles.
No habitamos el Paraíso, es cierto, porque toda obra
de los hombres es eso, HUMANA, no divina, pero ello no quita que estemos a
muchos años luz del infierno en que otras naciones viven “democráticamente”,
algunas en las fauces del crimen organizado.
Nos cuadre o no nos cuadre, ninguno de los regímenes
anteriores consiguió en más de cinco siglos, lo que en estos años ha logrado la
Administración del expresidente Daniel Ortega, hoy copresidente, y la
copresidenta, Rosario Murillo.
Que falta, sí, falta.
Que empacha, por ejemplo, ver la estatua y efigie de
Sandino uniformar Nicaragua y menguar la admirable originalidad de cada ciudad
y poblado, como si no pudiéramos salir de un bucle con todo y pitoretas,
bocinas y ulular de sirenas; sí, empacha.
Más el país progresa en la Paz.
Y nos enseña que con odio, nada de estos ostensibles
avances serían posible.
Porque el odio destruye.
Solo el amor construye.
Ahí están los resultados.
Son realidades. Hechos. Datos.
Son los impuestos que al fin los vemos por todas
partes.
Es la Historia.
Y Dios, que “estableció su trono en los cielos”, mueve
las ruedas de la Historia en la Tierra, aunque los hijos de los hombres quieran
detenerla…
Porque “su reino domina sobre todos”.
(Salmo 103:19).




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